terror/paranormal

Mi vida en un susurro III

-¿Que pasa Kayla?- preguntó Raul que estaba junto a mí.

Y de pronto el puntero se empieza a mover.

-¡No seáis jilipollas!- digo entre enfado y susto.

Los cuatro nos miramos estupefactos.

-¡Yo no he sido!- dicen al unísono.

El puntero volvió a moverse y lentamente recibimos el mensaje…

“Os veo”

Los cuatro miramos hacia todas las direcciones asustados.

A las espaldas de Raul había una ventana, con la luz de la luna se veía un patio y los árboles más allá del bosque.

Decidimos hacer otra pregunta…

¿Donde estás?

La respuesta nos dejó helados a todos.

“Detrás de ti”

Un escalofrío recorre mi cuerpo de pies a cabeza, mis ojos se agrandan al sentir que algo juega con mi pelo. Me levanto bruscamente asustada agarrándome el pelo y mirando en todas direcciones.

-¿¡Que coño a sido eso!?- estaba tan asustada que no entendía a razones- ¡no sé vosotros pero yo me largo!- digo cogiendo mis cosas.

Se empiezan a oír ruidos de crujidos de ramas por todas partes. El viento el cual al principio de la noche era imperceptible ahora entraba por las ventanas con furia.

Los cuatro nos juntamos en el centro de la habitación con las linternas del móvil apuntando hacia todos lados, oíamos un crujido a la derecha y las cuatro luces las dirigíamos hacia allí. Era aterrador estar en aquella casa, haber contactado con alguien o algo que estaba jugando con nosotros.

-¿!Larguémonos ya de aquí!? -grité horrorizada.

Al Segundo de gritarle a Victoria siento que me agarran de los tobillos y me tira al suelo con brusquedad.

-¡Sueltameeeee!- grito despavorida.

-¡Kaylaaaa!- gritan los tres intentando agarrarme de cualquier parte.

Algo invisible me agarraba con fuerza y tiraba de mí mientras mis amigos me agarraban y gritaban. Sentía como unas uñas se clavaban en mi piel, miré hacia mis piernas y brotaba la sangre. Mi cara de auténtico horror, mis gritos… aquello no podía ser real, no podía estar pasándome esto, ¡me niego!… y sin saber cómo, empecé a rodar por el suelo, movía mis brazos intentando agarrarme a algo, aferrarme a la vida que aunque fuese aburrida y sencilla era ¡MI VIDA! y no podía ser verdad lo que estaba ocurriendo. Oía los gritos de mis amigos llamándome cada vez más lejos hasta que de pronto dejé de escucharlos.

Después de no saber cuanto, aunque para mi han sido milenios, deje de rodar por el suelo, estoy dolorida, sentía como mis dedos ardían. Intentaba levantarme aferrarme a algo, agarrarme a lo que fuese, incluso clavé las uñas en la tierra.

Me levanté como pude y llorando empecé a correr. Oscuridad absoluta llena el espacio hasta donde alcanza mi vista. ¡Corre!… ¡corre!… ¡sigue corriendo!… es lo único que se me pasa por la mente en estos momentos de pánico extremo. Siento mis piernas pesadas de tanto correr, mi corazón late a mil por hora, me ahogo, ya no puedo casi ni respirar y siento desvanecer por momentos… pero mi mente me dice que no es momento de rendirse, me sigue gritando que corra, que no me pare y que no mire atrás.

La angustia crece y crece, sé que no debo pero miro de reojo y mis ojos se agrandan por el pánico. ¿Qué es lo que he visto?¿Quién o que me está siguiendo?, ¡esto no me puede estar pasando a mí!

Siento como me engulle, como miles de manos me atrapan, intento gritar pero de mi boca no sale ni tan siquiera un susurro, un hilo de voz que me ayude, nada…

¿Cómo puede acabar así mi vida?

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Mi vida en un susurro II

Casi no he probado la cena, ya que tenía el estómago cerrado, menos mal que mis padres esta noche cenaban con unos amigos si no ya tendría a mi madre taladrándome para que cenase en condiciones.

Ya son casi las 10, estos estarán a punto de llegar y cada minuto que pasa, más intranquila me pongo.

Suena mi móvil y al ver la pantalla es Raul que al primer timbrazo cuelga. Ya están abajo esperándome, me dispongo a ponerme mi abrigo y coger las llaves cuando llaman a la puerta. Supuse que sería Raul que subiría a buscarme para que no me escaquease.

-Ya baja… -me quedo estupefacta al no ver a nadie frente a mí.

Doy un paso al frente, miro a un lado del pasillo, miro hacia el otro y no hay nadie. En ese momento pensé que alguno de estos tontos quería asustarme.

Bajando por el ascensor vuelve a llamarme Raul y le cuelgo. Cuando llego al portal veo el coche aparcado en frente, están los tres hablando supongo que de mí ya que se ríen de vez en cuando.

-Ya vale de reíros a mi costa ¿no?- solté de golpe al entrar en el coche. Esto empezaba a cabrearme.

-Pero ¿qué dices?- soltaron los tres al unísono mirándome.

-Muy graciosos, llamáis a la puerta y salís corriendo, parecéis críos- dije mientras me ponía el cinturón.

-¿Tía de que hablas? Y si que no hemos sido nosotros, no nos hemos movido de aquí- dice victoria que estaba junto a mí en el asiento de atrás.

-No me vaciléis que no estoy para tonterías- Ya empezaba a mosquearme.

-En serio Kayla que no te estamos mintiendo- Raul parecía sincero- ¿crees que yo te mentiría?

-Puffff, ok… vámonos- estaba agobiada ya.

Durante el trayecto apenas hablé, solo deseaba no estar donde estoy, quiero irme a mi casa, aún no sé cómo me metí yo en este embrollo, espera, si lo sé… Raul.

Al llegar estaba todo muy oscuro y sospechosamente tranquilo para estar en medio del bosque.

Entramos en la casa uno detrás de otro con las linternas de los móviles encendidas, sentí un escalofrío recorrer toda mi piel… recorrí con la mirada la estancia veía sombras que se movían a consecuencia de la luz. Estaba continuamente alerta y aterrada al mismo tiempo.

Nos acomodamos en una habitación que se suponía que era el salón, lo deduje por la chimenea ennegrecida que estaba en medio de la pared más amplia. Victoria sacó de su mochila la ouija, el puntero y unas velas, las cuales encendimos de inmediato para tener más claridad.

Allí estábamos los cuatro, sentados en medio de aquella habitación, el ambiente era lúgubre y tenso, al menos para mí que no dejaba de mirar hacia todos lados. Para nada me imaginé hace una semana que estaría aquí metida hoy…

-¿Empezamos?- dice Victoria con una sonrisa.

-¡Al lío chicos!- suelta Jesús emocionado.

-Nos cogemos de las manos y formamos un círculo en torno a la tabla- Victoria agarra mi mano y la de Jesús- Después cerramos los ojos y respiramos profundamente tres veces.

Intenté respirar profundamente pero al tener los ojos cerrados el sentido auditivo lo tenía por las nubes y escuchaba ruidos desde todas direcciones. Sí… estaba bastante acojonada y quería salir huyendo de allí. Tenía todos los pelos de mi cuerpo como escarpias.

-Ahora tenemos que realizar una oración que a la mayoría nos guste invocando a algún ser de luz para que proteja la sesión- Nos miraba a los tres esperando que alguno dijese algo.

-Yo no tengo ni idea- balbuceé

-Victoria tú eres la que sabe cómo va esto- susurró Raul.

-Repetid conmigo: La luz de la perfección Divina, y del poder amoroso de Dios se expresa a través de todo mi ser, a todo perdonando, a todo liberando ya todo curando.¡Qué así sea¡¡Qué así sea!¡Qué así sea!¡Y así será!

Los cuatro repetimos la oración sin dejar de mirarnos los unos a los otros.

-Ahora ya estamos perfectamente preparados para comenzar- Victoria nos mira a los tres- lo primero que tenemos que hacer es que todos pongamos el dedo índice en el puntero.

Miré como los tres ponían los dedos en el puntero, me resistía a hacerlo, no me gustaba nada pero accedí.

-Repetid conmigo- vuelve decir Victoria- amigos unidos para invocar, espíritus prestos a escuchar.

-Amigos unidos para invocar, espíritus prestos a escuchar- repetimos al unísono los cuatro.

-¿Hay alguien ahí?- pregunta Victoria mirando a su alrededor, como no hay respuesta vuelve a hacer la pregunta- ¿hay alguien ahí?

No sé si fue una pequeña corriente de aire, pero sentí en mi nuca como si alguien estuviese respirándome y me giré de inmediato aterrada.

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Mi vida en un susurro I

Mi vida no es fantástica ni maravillosa, soy una simple chica, esa chica que no ves en el instituto, la invisible… esa soy yo.

Me llamo Kayla, tengo 16 años, aunque esté mal decirlo soy estudiosa y aplicada, siempre la primera de la clase. Me encanta leer y escribir, soy muy perfeccionista y exigente, conmigo misma y con los demás, y valoro, más que nada, la justicia pero sobre todo el karma.

Me cuesta conciliar el sueño, en cuanto me tumbo en la cama empiezo a darle mil vueltas a los acontecimientos del día y programar lo que debo hacer al día siguiente. La verdad no me parezco a nadie de mi familia, mis padres son muy despreocupados en ese sentido. Al final consigo dormirme a falta de un par de horas para que suene el despertador.

Nace otro día más y apenas he pegado ojo, salto de la cama, camino hacia el baño, me miro al espejo y veo lo mismo de cada día, parezco zombi.

– Una ducha y arreglado – susurro sin convencerme mucho de ello.

Bajo las escaleras y antes de entrar por la puerta mi madre ya está gritando.

-¡kayla, hija mía que cara!, ¿no has dormido?- dijo mientras me acunaba la cara entre sus manos. – Anda, desayuna bien antes de irte al instituto.

-Vale mamá- digo poniendo los ojos en blanco.

Unto una tostada con mantequilla y mermelada de fresa pero antes de poder dar un bocado suena mi móvil, es un WhatsApp de mi amigo Raul.

R-Estoy llegando ¿estás lista?

K-Si, ahora bajo.

Un par de mordiscos a mi tostada, dos tragos de zumo de naranja y ya estaba saliendo por la puerta.

De camino al instituto hablamos de nuestras cosas y Raul me comenta algo que me deja trastocada.

-Este fin de semana he quedado con Victoria y Jesús ¿adivina a donde vamos? – me pregunta con una sonrisa socarrona.

-¿Al centro comercial?¿al cine?- lo miro arqueando una ceja.

-Frío, frío diría que congelado- se burla de mí.

-No tengo ni idea Raul, ¡vaaaa desembucha!- digo mientras le doy un pequeño empujón.

-A la casa abandonada en medio del bosque- lo dijo con voz tenebrosa.

-¿Y a qué se supone que vais a hacer allí?- le pregunto perpleja.

-Victoria ha conseguido una tabla ouija así que… – me mira de reojo.

-¿Qué? – lo mire y adivine enseguida que es lo que insinuaba- ¡NO! ¿¡Estás loco!?¡ni de coña!

-¡Vamos Kayla tienes que venir! No puedes dejarme solo con esos dos- me agarró la mano y me puso morritos- porfavoooooorrr.

-¡Cómo me puedes enredar tanto! Sabes que esas cosas no van conmigo y me da mal yuyu- mi cara es un poema, dios como odio que me haga estas cosas.

-Te pasaremos a buscar el sábado a las 10 de la noche- daba pequeños saltitos de alegría- será una noche inolvidable.

-¡Puffff eres lo peor!¿lo sabes?- le digo medio en burla pero enfadada por meterme en esto.

-Lo sé, lo sé y eso me encanta- dijo entre risas.

Durante la semana Raul no paraba de hablar de la quedada del sábado. Cada vez que sacaba el tema me ponía mala, ¡en serio! Para ellos es un mero juego pero para mí es algo maligno con lo que no se puede jugar a la ligera. Llamadme supersticiosa, cobarde, tonta… pero en mi vida e sufrido de episodios y circunstancias que no son de este mundo.

Mi madre siempre hacía limpiezas en casa, y no la típica limpieza que hace todo el mundo, limpieza de energías negativas y malos espíritus donde yo la ayudaba con el ritual.

En la cocina, en la silla que da a la pared norte, allí siempre se sentaba mi bisabuela y mi madre siempre la veía allí, a la cual yo no llegue a conocer en vida pero mi madre siempre me decía que estaba allí con nosotros.

Aunque sé que muchos de vosotros no me creeréis, sé que ella estaba allí porque la presentía y el aroma a jazmín predominaba cuando estaba cerca.

La semana pasó demasiado rápido, será porque no tenía ni pizca de ganas de que llegase el sábado.

Durante la mañana mi cuerpo presentía algo, no estaba nada tranquila y eso es muy raro en mí, era la primera vez que me sentía así. No sabría como explícalo porque no eran nervios, quizá un poco alterada porque esas cosas me dan mucho respeto, sé que no se deben jugar con estas cosas y quiero echarme atrás, decirle a Raul que no me siento bien, que vaya él solo pero sé que se presentará igualmente en mi casa y me sacará a empujones, lo conozco muy bien. Aún así decido intentarlo a ver si cuela y le mando un WhatsApp.

K-Raul…

R-¿Que?

K-Que no me encuentro muy bien, tengo el estómago revuelto.

R-Oye no me vengas con tonterías que se de buena tinta que no es verdad.

K-¡Pero que sabrás tú!

R-Kayla Miranda Giménez a mi no me la das con queso.

K-Joder Raul… sabes de sobra que no me gusta ni un pelo todo esto.

R-¡Tía que no va a pasar nada! ya verás que nos divertiremos.

K-Ya te digo que yo para bada me voy a divertir.

K-¡Al contrario lo voy a pasar fatal!

K-Ya me conoces…

R-Porque te conozco… ¡vendrás si o si!

K-De verdad… ¡como te odio ahora mismo!

R-Yo también te quiero tonta.

K-¡Esta me la debes, que lo sepas!

R-Vale, te lo compensaré te lo prometo.

K-Mas te vale…

R-Cuando estemos en la puerta de tu casa te hago una perdida para que bajes.

K-Ok, hasta la noche.

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Un nuevo comienzo III

Fue un beso dulce y apasionado a la vez. Hacía mucho que sus labios no bebían de otros con aquella pasión y dulzura a la vez, Sloan le devolvió de nuevo a una vida que creía perdida hacía unos años atrás, cuando su esposo estaba vivo y bebía los vientos por ella. Un amor tan incondicional y tan puro, un profundo sentimiento de cariño le sobreviene cuando recuerda su risa sana, dulce y placentera. Un bello recuerdo que perdurará en su corazón hasta el fin de sus días.

—Pagaría un merk por tus pensamientos —susurró Sloan aún con sus labios cerca de los de ella.

—Recordaba —le miró a los ojos directamente— solo eso — y con una sonrisa le dio un fugaz beso.

           Se separó y dándose la vuelta se encaminó hasta la cama y se sentó.

—Ven —palmeo a su lado en la cama.

           Sloan caminó hacia ella. Los rayos de sol que entraban por la ventana iluminaban con mimo los rebeldes rizos del cabello de Nyneve, resaltando aún más si cabe su belleza.

—Quiero ser sincera contigo —acercó su mano hacia la mejilla de Sloan— he recordado a mi esposo. El cariño y el amor que me ofreció durante los pocos años que estuvimos juntos, fueron hasta ahora los mejores de mi vida.

—Entiendo —un atisbo de pesar cruzó su cara— aún lo amas.

—Siempre le amaré, es parte de mi vida —se acercó un poco más a él, sin apartar la mirada de aquellos ojos azules— tu has despertado en mi también ese sentimiento de cariño y… amor.

E —Sé que no puedo competir con él —acarició con mimo la mejilla de ella— solo espero que llegues a amarme a mí también.

           Sloan se inclina sobre ella, acaricia con mimo sus labios con los de él, se unen en un beso cálido y suave, profundo y con mucho sentimiento.

—Ejem, Ejem.

           Ambos se sobresaltan y se separan al oír el carraspeo procedente desde la puerta.

—Siento interrumpir —alega el joven monje—. La necesitamos señora Ramsay.

—No se preocupe Guillermo —le dedicó una sonrisa a la par que se dirigía hacia la puerta.

            Antes de cruzar el umbral de la puerta siente la necesidad de darse la vuelta, pero antes de poder hacerlo, como si le hubiese leído el pensamiento Sloan ya estaba cogiéndola de la mano, tirando de ella hasta estrecharla entre sus brazos, y dándole un dulce beso en los labios la dejo ir.

          Pasaban los días y las semanas, Sloan estaba ya casi recuperado de todas sus heridas. Ya no pasaba tanto tiempo en el monasterio, ahora se había trasladado al hospedaje del pueblo ya que había que dejar libres las camas para los heridos que iban llegando, que cada día que pasaba eran más numerosos. Muy pocos llegaban a sobrevivir a sus múltiples heridas y las amputaciones que algunos guerreros sufrían.

           Cada mañana Sloan se pasaba por el monasterio a ver a sus compañeros de armas, muchos de ellos de su mismo Clan. Los conocía desde la niñez y eran como parte de su familia, como le dolía el alma por verlos así; a todos ellos les daba mucho ánimo.

           Poco después se iba en busca de Nyneve, siempre la encontraba haciendo las curas o poniendo cataplasmas. Cuando ella podía darse un pequeño descanso daban paseos a caballo, se sentaban en la hierva y hablando dejaban los minutos pasar uno al lado del otro abrazados, casi sin palabras se lo decían todo… Ambos sentían por el otro un profundo amor y cariño, cada vez que se separaban se echaban de menos.

           Nyneve no tenía guardia y pronto se fue a su habitación, necesitaba recuperar fuerzas para el día siguiente. Era una noche fría, el fuego de la chimenea templaba la estancia mientras chispeaba y sus llamas bailaban sobre la leña. Vestida con su ropa de cama, se acurrucó en una butaca al lado del hogar con un libro de hierbas y plantas curativas en las manos y una pequeña manta de lana. Ojeaba ese libro un poco cada noche antes de irse a dormir.

           Unos toques en la puerta la sacan de sus pensamientos.

«¿Que habrá pasado?—se preguntó mientras se acercaba a abrir la puerta»

—¿¡Sloan!? —preguntó sorprendida— ¿Que… Que haces aquí?¿Te encuentras bien?.

—Tengo que contarte algo —su cara detonaba preocupación—. ¿Puedo pasar?

           Miró a un lado y a otro del pasillo, comprobó que no había nadie y lo dejó pasar.

—Si, claro entra —dijo cerrando la puerta tras de sí—. ¿Que sucede?

           Sloan entró en la habitación, no era muy grande pero era muy acogedora, a la izquierda había una cama y una mesita, a los pies de ella un arcón y justo en frente un par de butacas encaradas a la chimenea. Entró y se aproximó al fuego, se quitó el abrigo que dejó en una de las butacas y sin apartar su mirada de las llamas chisporroteando le explicó lo sucedido.

—Esta tarde ha llegado un mensajero, tengo que volver al frente, —su voz tenía un cariz de tristeza— en un par de días como mucho tengo que partir.

          Nyneve se acercó a él, lo sujetó desde atrás, pasó sus brazos por la cintura de él y acurrucó su cabeza en su espalda. Un sentimiento de tristeza se apoderó de su corazón. Sloan se da la vuelta, ambos se miran y de sus ojos emanaban amor, cariño, ternura…

—Te amo —dijo Nyneve mientras unas lágrimas resbalaban por sus mejillas.

—Te amo —acunó entre sus manos el rostro de ella—. Deseo quedarme esta noche y las que me quedan a tu lado —la besó dulcemente— si me lo concedes.

—Yo también lo deseo Sloan —dijo mientras lo abrazaba— te necesito.

           Los latidos de su corazón aumentaban al tenerlo tan próximo a ella. Alzó la cabeza, maravillada vio unos ojos azules que la observaban con amor y deseo. Sloan acarició con ternura sus mejillas sonrosadas, no podía apartar los ojos de su rostro.

«Es tan hermosa —se dijo»

Quería tomarla, hacerla suya… Quería… Amarla.

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Un nuevo comienzo II

Los días pasaban, y como cada mañana antes de ir a la cocina Nyneve se pasaba por la alcoba que se le había asignado al laird Stewart. Le alegraba profundamente saber que mejoraba deprisa gracias a las cataplasmas de hierbas medicinales, que con mucho cuidado le colocaba en el costado. Pronto podría levantarse de aquella cama.

Siempre que Nyneve aparecía por la puerta a Sloan le cambiaba la cara por completo, veía en ella una mujer no sólo muy bella, sino que era una mujer culta, de carácter abierto, generosa y comprensiva; aquella ternura sincera y espontánea, lo maravillaba de una manera que era como si lo embrujase.

Mientras ella hacía las curas hablaban de sus vidas, donde él le contaba todo lo vivido hasta ese entonces, de su familia, sus amigos; los cuales muchos perdieron la vida defendiendo algo que por ley y derecho era suyo… su patria, sus gentes y sobre todo su cultura.

Ella también le habló se su familia y de su esposo que la había dejado viuda a los tres años de casados en una reyerta con los casacas rojas; sin llegar a concebir un hijo en la unión que le ayudase a soportar la pena de haberlo perdido. Entre algunas lágrimas y muchas más risas las horas pasaban volando para ambos.

—Tus heridas están cicatrizando muy bien. —Con una sonrisa le preguntó— ¿Quieres levantarte un poco? A ver cómo te sientes.

—Lo deseo —soltó una carcajada— tengo el cuerpo entumecido.

—Bien, levántate lentamente.

Con ayuda de ella Sloan poco a poco se va incorporando, baja los pies y se sienta en la cama. Le pasa el brazo por los hombros para tener un apoyo y lentamente se levanta.

—Intenta dar unos pasos —le animó.

—Está bien —dijo con una mueca de dolor.

Dio un par de pasos hasta llegar a la pequeña ventana. Con la mirada fija y perdida, no dejaba de pensar en todo lo vivido hasta ese momento. En como su vida había cambiado tanto, y sobretodo, el haberla conocido.

Sus miradas se encontraron, un cosquilleo recorrió el cuerpo de Nyneve cada vez que Sloan se acercaba más a ella, cosa que a él no se le pasó desapercibida; porque sin saber como a él le pasaba algo parecido, se sentía muy a gusto a su lado, veía en ella algo que deseaba y anhelaba.

Él no era ningún monje o santo, a sus 22 años conocía muy bien las artes amatorias. Se había iniciado desde muy joven y yacía con jóvenes doncellas aliviando su deseo carnal. Allá donde iba, tanto en pueblos como aldeas; cuando lo veían aparecer, siempre eran ellas las que lo buscaban, las que le seguían; porque su atractivo y su forma de ser las enloquecía como a chiquillas.

Pero ella era diferente, no era ninguna chiquilla, era una mujer… Nada que ver con las féminas que compartió momentos íntimos en su pasado. Ninguna de ellas por muy hermosas y esbeltas que fueran, ninguna de ellas, consiguió hacerle sentir aquello que Nyneve con una sola mirada o caricia en la mano lo alborotaba de tal forma que perdía la cordura.

Se apoyó en la pared frente a ella, mirándola a los ojos acunó su rostro entre las manos y la besó con dulzura, ella respondió a ese beso que sin saber porque tanto ansiaba.

Nyneve pasó su mano por la nuca de él atrayéndolo más y más a su boca, besándolo con urgencia. Subió ligeramente la mano y enredó sus dedos entre el cabello ondulado sin dejar de besarlo.

—¡Que ganas tenía de besar tus labios y averiguar si eran tan dulces como parecen!—le susurro aún con sus labios muy cerca.

—¿Y bien?—se mordió el labio inferior—¿Como son?—quiso saber.

—Son dulces como la miel—sonrió, y acercándose a su cuello le susurro al oído—bebería de tus labios día y noche para que me des la vida.

Se fundieron en un abrazo silencioso al que le siguió un beso apasionado, sus lenguas ávidas de juego se enlazaban la una a la otra como si de un baile se tratase, sus labios saboreaban con anhelo aquel instante. Habían deseado tanto ese beso como lo demostraban. No querían romper aquel momento por nada del mundo. Los sentimientos que ambos sentían en aquel momento, eran lo más maravilloso que pudiesen concebir.

Nyneve sin ser consciente acercaba su cuerpo al de él, profundizando el beso y aprisionándolo contra la pared, deslizó las manos por los anchos hombros masculinos hacia el torso desnudo, hasta que rozó con la yema de los dedos el vendaje y Sloan se apartó como si un chispazo recorriese su cuerpo.

—¿¡Te he hecho daño!? —preguntó asustada.

—No, —una sonrisa socarrona apareció en su cara— ha sido un pequeño tirón.

Estaba tan increíblemente atractivo con aquella sonrisa, vio como aquellos ojos azules estaban clavados en su boca y en un acto reflejo se mordió el labio. Ese gesto fue el detonante que empujó a Sloan para volver a besarla de nuevo, le encantó como sus dientes capturaban su delicado labio y deseó ser él quien lo estuviese atrapando entre los suyos.

—¡Hmmm! —Ella gimió en su boca mientras sus lenguas se enredaban en un beso tórrido.

Ese gemido en su boca fue la cosa más sexy que Sloan había oído o sentido en toda su vida.

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Un nuevo comienzo

Dunblane, Noviembre de 1715.

La noche fría de invierno se apodera de nuevo de las tierras altas de Escocia después de un día duro en el frente. Han ido llegando muchos heridos del campo de batalla, no muy lejos de allí en Sheriffmuir estaba en juego la independencia de Escocia. Los clanes de las Tierras Altas se levantaron a favor de los Estuardo, que aunque católicos al menos eran escoceses.

Nyneve Ramsay ayudada por varias mujeres las cuales, esposos e hijos estaban enfrentándose a las fuerzas gubernamentales británicas, estaban ocupándose de los heridos que iban llegando al Schottenklöster así llamaban al pequeño monasterio. No era muy grande pero tenía el suficiente espacio para albergar a los heridos que allí iban llegando.

Después de estar todo el día en guardia decide dar un pequeño paseo, ha sido un día muy largo y un descanso le vendrá bien; al salir al patio se encuentra con la señora Craig, una de las mujeres del pueblo.

—¿Cómo se encuentra su esposo? —el semblante de la pobre mujer era de angustia.

—Está muy mal señora Ramsay —los ojos se le llenaron de lágrimas— el torniquete de la pierna no ha servido de nada— el doctor le está cortando la pierna en este instante, pero yo…—un gemido de pura angustia salió de su boca.

—No se preocupe, el doctor sabe lo que hace ya verá cómo sale adelante. —Le agarra de la mano con cariño— Tenga fe.

—¡Oh, señora! —dijo sollozando.

—Vaya a descansar, se le ve agotada. —Le dedica una sonrisa cansada— Más tarde me pasaré a ver a su esposo.

Se despiden y Nyneve sale al patio. A esas horas de la noche no se aprecia el esplendor del hermoso jardín, en el cual abundaba la Convallaria Majalis comúnmente conocida como lirios de los Valle. Florece en una rama con pequeñas campanillas de color blanco, su fruto son pequeñas bayas rojas, que aún que parezcan apetitosas son muy tóxicas; ya que producen alucinaciones y vómitos constantes. Árboles frutales y abetos llenaban el resto del lugar.

Se acerca a uno de los guerreros que hacía guardia, allí cerca de la hoguera la fría noche se aguantaba mejor. Charlaron y bromearon un largo rato, había que darles fuerza de alguna manera, ya que cada pocos minutos un herido traspasaba aquellas puertas. Tras unos minutos se despide, esta agotada apenas a podido dormir un par de horas seguidas, necesita descansar un poco ahora que parece que está todo bajo control.

Está tan sumamente dormida que casi no se percata que Guillermo el joven fraile llamaba a la puerta.

—¿Quién es? —. Se incorporó y frotó los ojos aún medio dormida.

—Guillermo señora

—Pase —dijo mientras se tapaba con la manta.

—Perdone señora Ramsay por despertarla, necesitamos su ayuda, ha llegado un guerrero muy malherido y solo usted podrá ayudarlo. —Se excusó Guillermo— La herida del costado es bastante grave.

—Prepara todo lo necesario —dijo desperezando se— ahora mismo voy.

Desde el pasillo escuchaba los gritos de dolor del guerrero, con premura se acercó a la habitación que servía de quirófano, allí estaba ya todo preparado para la intervención. Se acercó al borde de la cama, miró con lástima al pobre hombre que allí se encontraba.

—¿Cómo se llama? —quiso saber Nyneve.

—S…loan Ste…wart se… ñora —dijo con gran esfuerzo.

—Bien laird Stewart, ahora tiene que dejarnos hacer nuestro trabajo. —Aferró con fuerza su mano— Tendrá que ser fuerte, ya que apenas nos quedan recursos para aliviar su dolor —dijo con gran pesar.

Sloan notó en su mirada una ternura y una sinceridad que supo al instante que saldría de esta.

Sabía que sus heridas eran muy graves, y, que aún emanaban sangre; la herida más profunda era la de su costado, la cual no dejaba de dolerle endemoniadamente y le costaba dios y ayuda respirar.

La miró y asintió con la cabeza, esto iba ha ser muy doloroso y así fue hasta que perdió la consciencia.

—Se ha desmayado —dijo Guillermo mientras limpiaba la herida.

—Es mejor así, no sufrirá tanto. —Su voz denotaba preocupación—Démonos prisa mientras está inconsciente.

Después de un par de días en el que la habitación era de ajetreo constante y nervios, pues al joven guerrero no le bajaba la fiebre y el dolor que sentía era horroroso, todo se quedó en calma, por fin estaba fuera de peligro.

Sloan descansaba ya por fin de su tortuoso estado. Nyneve se sentó en una de las sillas como las dos noches anteriores, con el cansancio acumulado enterró su rostro entre las manos, se recostó un poco y miró con atención aquel hombre que descansaba frente a ella. Lo observó con atención y vio a un hombre muy atractivo, recordaba sus azulados ojos cuando habló con él, su pelo castaño rojizo, el rostro enmarcado por una barba de días que lo hacía aún más atractivo. Era un hombre alto y de espalda ancha, corpulento; en su cuerpo estaba dibujado toda su trayectoria como guerrero, miles de cicatrices sobresalían en su piel como si de un mapa intrincado se tratase. Golpes y cortes que no eran muy profundos enmarcaban toda su piel.

Casi sin darse cuenta sus párpados se iban cerrando, intentó estar serena y atenta por si el herido la necesitaba. No pudo hacer nada cuando cayó en manos de Morfeo y se quedó profundamente dormida en la silla junto a la cama.

Habían pasado unas cuantas horas cuando Sloan abrió los ojos, aturdido intentó moverse, se llevó la mano a su costado y se aquejó de dolor, en aquel instante se acordó de que estaba a salvo; un suspiro de alivio salió de lo más profundo de su ser, la batalla que se estaba batiendo en aquellos momentos era encarnizada, era un cementerio cada vez que caía el sol.

Se dio cuenta de que había alguien más con él, a su lado recostada entre una silla y la cama, se encontraba una mujer. Le vio el rostro entre una maraña de pelo negro azabache rizado y la reconoció al instante, el ángel que le dio fuerzas y le dedicó unas palabras antes de que cayera sin fuerzas cuando había llegado allí. Estaba dormida y no quiso despertarla.

«Es tan hermosa —pensó mientras la observaba.»

Sujetó entre su mano la de ella, acariciando su delicada y suave piel, sin percatarse de que unos ojos azules como el cielo observaba en silencio sus movimientos.

—¿Como se encuentra? —dijo casi en un susurro.

—Pues, gracias a vos mejor. —Le dedicó una sonrisa— ¿Cuanto tiempo llevo aquí?

Nyneve se incorporó, se pasó la mano por el pelo y se levantó.

—Un par de días, ha estado inconsciente desde la intervención, ha perdido mucha sangre y me costó mucho bajarle la fiebre… había momentos en los que deliraba. Gracias a dios esta mejorando día a día aunque la herida del costado me preocupa —dijo con un hilo de voz— el corte ha sido limpio pero profundo, por poco le perfora el pulmón; de haber sido así lo habríamos perdido —su rostro se contrajo en una mueca de dolor.

Sloan la contempló como se paseaba por la habitación y se quedaba de pie junto a la pequeña ventana pensativa. Llevaba unos pantalones oscuros que a su parecer le quedaban grandes y una camisa en un tono más claro; con aquellas ropas que llevaba tan anchas de hombre no le hacían justicia, no dejaban entrever sus preciosas curvas de mujer.

—Ahora debe descansar y reponerse Lord Stewart ha perdido mucha sangre y aún está débil —caminó hacia la puerta y antes de irse se volteó —vendré dentro de unas horas a ver como se encuentra.

Nyneve cerró la puerta tras de sí y se alejó por el largo pasillo.

Horas más tarde Nyneve se acercó a la habitación donde se encontraba Sloan, permanecía dormido, era lo mejor, tenía que recuperarse de sus heridas. Decidió ir hasta la cocina para almorzar algo, unas gachas de avena y un trozo de black pudding que es un embutido a base de sangre coagulada, generalmente de cerdo, y de color oscuro; un mendrugo de pan recién hecho. Le apetecía muchísimo un vaso de leche fresca, pero era un lujo que en esos momentos no podían permitirse. Aún así era buen almuerzo para combatir el duro invierno de las Tierras Altas era lo que necesitaba.

—Tengo que ir al mercado. —dijo una voz a su espalda— ¿Necesita algo señora Ramsay?

—Le acompañaré señora Gleann —Nyneve asió una cesta y se acercó a ella— por el camino cogeré unas hierbas que necesito.

Lo bueno de residir ahora mismo en el monasterio es que tenía muy a mano varias de las hierbas medicinales que ella utilizaba para las cataplasmas y ahorrar dolor a esos guerreros. Se sale del camino y recoge unas hojas de Olmo escocés.

—¿Para que usa esas hojas? —preguntó con curiosidad.

—Pues, —sostuvo las hojas entre sus manos y sonriente le explicó —tiene la propiedad de reducir la inflamación. Además de su propiedad calmante.

Durante el camino de ida y vuelta del mercado en el cual se habían abastecido de lo poco que se podían permitir, Nyneve recogió todas las hiervas que pudo encontrar y que necesitaba.

Ya era muy entrada la mañana, quería ver cómo estaban los heridos y cambiarles las cataplasmas. Aunque siendo sincera consigo misma quería volver a ver aquellos ojos azules cristalinos como mar, quería ver al laird Stewart.

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Mi gran secreto V

Deseo, amor y pasión

Zac agarrándola con fuerza se va recostando con ella en brazos hasta quedarse acostados encima del tartá que dándose él encima. Rozando su pene contra el vientre de Ángela haciéndola moverse en busca del placer. Abandona sus deliciosos labios, dando le besos por su cuello va bajando hasta encontrarse con sus preciosos pechos acariciando los con delicadeza entre sus manos ve como aquellos pezones se endurecen poco a poco, sin poder resistirse un segundo más con los dedos los pellizca, acerca su boca a tan deliciosos pezones rosados, los chupa y mordisquea primero uno y luego el otro.

—¡Mmm!— gimió Ángela al sentir su húmeda lengua jugar con sus pezones. 

Sentir su cuerpo bajo el suyo lo estaba llevando a la locura solo deseaba tomarla y poseerla. Pero quería hacerla disfrutar y gozar del momento. 

Deja sus pezones a regañadientes y baja lamiendo su abdomen  abriendo le las piernas, al ver su precioso sexo húmedo se excitó más aún, separó con delicadeza sus pliegues dejando al descubierto su redondeado clítoris, acercó su lengua, lo lamió y absorbió, dejando que floreciera para el. 

—¡Por todos los dioses!— gritó de placer al sentir su lengua lamiendo le el clítoris. 

—Pequeña déjate llevar por este momento— le susurró con su boca en su clítoris.  

En muchas ocasiones había escuchado a sus compañeros relatar como habían pasado la noche con alguna doncella, como habían disfrutado del placer del sexo, lo que ellos les hacían y viceversa. Ángela no podía creerse que ahora era ella la que disfrutaba de tan dulce placer.

Ángela tiene su clítoris cada vez más hinchado por el placer que Zac con su legua le proporciona, se siente cada vez más húmeda. Zac pasea un dedo por su sexo humedeciendo lo y con delicadeza lo introduce dentro de húmedo sexo haciendo que de un pequeño respingo. 

—¡Zac!— balbuceo Ángela en un susurro entrecortado. 

—Shhh… Tranquila— dijo para calmarla —solo sentirás placer— le susurro metiendo otro dedo.

Ángela estaba tan excitada que abría las piernas más y más, sin saber como sus dedos estaban enredando se en el cabello de Zac apretando le contra su clítoris en busca de más placer. 

—¡Oh siii!— dijo jadeante Ángela —¡por favor no pares!— le suplica. 

Una oleada de lujuria y placer la invade, haciendo que su cuerpo se arquee y se convulsione por el orgasmo. 

Zac la mira fijamente, al verla excitada y entregada a él lo vuelve loco. Ángela aún con sus manos en su vientre convulsionado siente la lengua de Zac subiendo muy lentamente haciéndole cosquillas.

—¡Nooo! ¡Paraaaa!— dice Ángela entre risas casi sin aliento. 

—Me gusta tenerte así— susurra Zac en su oído. 

Zac la agarra de la cintura y rueda con ella asta dejarla encima de él, aquella visión de ella a horcajadas encima de él no tenía precio. Recorrió un camino desde sus muslos asta sus preciosos pechos acariciando cada pedazo de su sedosa piel, haciéndola disfrutar de sus caricias. 

Ángela quería que Zac disfrutara y gozara también como lo hizo ella momentos antes. No lo había hecho nunca pero sabía como hacerlo dado que se lo había oído a sus compañeros miles de veces. Al intentar levantarse Zac se lo impidió.

—¿A dónde vas? ¿Te pasa algo?— preguntó alarmado. 

—Tranquilo estoy genial— le dijo sonriendo —solo voy a darte el placer que me as dado tu. 

Se agachó asta rozar sus labios con los suyos y le dio un beso. Se incorpora lentamente, se levanta y da unos pasos moviendo las caderas con descaro, al girarse ve a Zac mirando fijamente su culo. 

—Capitán, ¿le gusta lo que ve?— le pregunta mirándolo fijamente con picardía. 

—¡Oh si!— dice Zac con una sonrisa socarrona —daría mi vida por tener estas vistas cada día. 

Ángela que ya se había agachado y colocándose entre las piernas de Zac, se quedó sin aliento al ver su pene erecto delante de ella, por un momento se quedo paralizada sin saber exactamente como empezar, Zac que veía cada movimiento de ella sabía perfectamente lo que pasaba por su mente, acarició con mimo su mano y la llevó asta su pene, y con un movimiento arriba y abajo le indicó como hacerlo. 

—¡Así pequeña!— le susurró excitado.

Con su mano acariciando le arriba y abajo, deseaba hacerle disfrutar. Acercó su boca asta su pene y abriéndola se la metió, primero un poco y luego entera, la chupó y saboreo con dulzura. Zac al sentir la boca de Ángela rodeando su pene lo excitó de una manera loca. No podía creer que estuviese haciéndolo pero le encantaba. Ángela jugaba con su lengua por todo el pene, chupando y mordisqueando el capullo sonrosado haciéndolo gemir de placer. Zac está  tan excitado viendo la que no aguantará mucho más. Se incorpora y agarrándola con posesión la besa dejándola sin aliento.

—Tumba te y no te preocupes por nada, te dolerá un poco al principio pero después sólo sentirás placer— le dice con cariño. 

Zac se mete entre sus piernas, coge su pene y lo frota por su húmedo sexo, separa sus pliegues e introduce su pene en su entrada. Siente como Ángela esta tensa.

—Tranquila preciosa— le susurra —seré muy cuidadoso— le dice besándola con pasión mientras se introduce en ella lentamente asta el punto que no puede profundizar más —tengo que hacerte un poco de daño, será sólo un momento pequeña. 

De un certero empujón la penetró, Ángela aguantaba muy bien el dolor pero no pudo evitar que unas pequeñas lágrimas brotasen de sus ojos. Zac seguía saboreando su boca mientras permanecía quieto dentro de ella, dándole tiempo para acostumbrarse. Era un placer exquisito estar dentro de ella notando como sus músculos le apretaban su pene. Muy lentamente empezó a moverse arriba y abajo lubricando su pene. 

 Ángela estaba tan húmeda que la fricción de sus sexos era mucho más placentero, abrió y levantó las piernas para darle mejor profundidad con cada embiste, sus cuerpos empezaron a moverse al unísono como si de un baile sensual se tratara. Sentía aquel trozo de carne bombeando la una y otra vez, con cada estocada sentía que se moría, ambos tenían sus ojos clavados en los del otro, piel contra piel, mil sensaciones floreciendo al borde del orgasmo. Ángela volvió a sentir su sexo convulsionando de placer un jadeo fue ahogado con un profundo beso. 

Con cada movimiento de cadera y el sexo de Ángela apretando su pene con su orgasmo no podría aguantar más y se dejo llevar. Su agitada respiración y sus jadeos resonaban en la cueva, al borde del orgasmo con rapidez sacó su pene y acariciando se con la mano se corrió dejando su semen esparcido por su vientre. 

Jadeante aún por el esfuerzo se tumba a su lado, llevó la mano asta su mejilla y le acaricia mientras la mira a sus preciosos ojos azules. 

—Eres preciosa Ángela— dándole un dulce beso, le confiesa —a sido increíble, desearía poseerte cada noche pequeña.

—Yo desearía lo mismo— le dijo con voz melosa —pero será difícil. 

—Este será nuestro refugio, nuestro pequeño lecho, aquí hemos disfrutado de nuestro primer encuentro y el de muchos más si tu lo deseas pequeña— le susurró al oído mientras la rodeaba y la atraía hacia si. 

Ambos se quedaron abrazados, mirándose con complicidad y susurrando se palabras melosas y cariñosas, disfrutando de aquel momento tan íntimo, el mejor día de San Andrés para ambos, jamás lo olvidarían.

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Mi gran secreto IV

Descubriendo el secreto

Ángela se siente tan indefensa sin su atuendo, que no sabe como actuar. Se da cuenta de que esta semidesnuda ante él e intenta alejarse unos pasos pero Zac se lo impide agarrándola de la cintura y atrayéndola hacia él estrechando la entre sus fuertes brazos. 

—¿A dónde vas?— preguntó con una leve sonrisa.

—Yo…— intentó decir sin éxito. 

Zac nota que su cercanía la pone nerviosa, intuye que ambos sienten lo mismo. Al tenerla entre sus brazos siente como tiembla como una hoja. 

—Estas temblando ¿tienes frío?— preguntó preocupado. 

—No…—dijo con la cabeza apoyada en su pecho donde podía escuchar como latía su corazón— me encanta estar así, podría permanecer toda mi vida abrazada a ti – le susurro.

Tenerla así de cerca, entre sus brazos le hacía feliz, un sentimiento que nunca antes había sentido por ninguna mujer, sólo quería poseerla allí mismo, sentirla y hacerla suya. Zac sintió como poco a poco su entrepierna se endurecía, cosa que no pasó desapercibida por Ángela que al sentir aquella dureza tan cerca de su vientre la hizo estremecerse. 

—Ángela…— dijo acariciando su mejilla —lo que sientes ahí abajo es por tenerte tan cerca— intentó excusarse por su erección. 

—Zac… Yo…— balbuceaba mirándole a sus ojos almendrados —yo siento lo mismo por ti, desde hace muchísimo tiempo, deseaba estar así contigo. 

Ángela que no dejaba de mirarlo, poco a poco se pone de puntillas y le acaricia los labios con el pulgar. 

—He soñado tantas veces con besarte— le confiesa sin apartar la mirada.

Zac que desde que la vio allí de pie semidesnuda era lo que más ansiaba, besarla y acariciarla. Tenía que hacerla suya, no aguantaba ni un segundo más esa tortura. Rozó con ternura su mejilla, le acarició los labios con la lengua, ella al sentir su lengua abre la boca dándole acceso y enreda la suya en un beso apasionado.

Ambos estaban excitados, necesitados el uno del otro, mientras se besaban con pasión Zac tira del fino cordón del calzón de Ángela y la tela cae deslizando se por sus curvas femeninas dejándola completamente desnuda ante él. Zac sin perder un segundo se quita el tartá y lo extiende en el suelo, Ángela le desabrocha su camisa botón a botón sin dejar de besarlo asta descubrir su torso musculoso acariciando lo lentamente con sus manos, Zac cada vez más excitado por sus caricias se despoja del resto del ropaje.  

Ángela al verlo totalmente desnudo y con aquella erección su entrepierna se humedeció, había visto a muchos de sus compañeros desnudos pero ninguno se le podría comparar, su cuerpo era perfecto, musculoso, fibroso, muy varonil y aquel grandioso pene erecto, duro y aterciopelado… su excitación por el era tal que solo deseaba que la poseyera ¡ya!, Zac que la observaba vio en su mirada aquel brillo que vio la primera vez que la conoció, bajó la mirada asta sus labios hinchados por los ansiados besos que se daban, eran exquisitos y aquel gesto de morder se el labio lo volvía loco. Sin esperar un segundo más pasó su mano por su fina cintura y la atrajo hacia él besándola mientras sus manos acariciaban la sedosa piel de su espalda bajándolas lentamente asta su redondeado culo, agarrando cada cachete la levantó en volandas casi sin esfuerzo.  

—Abre las piernas y rodea me la cintura con ellas— le dijo Zac estrechando la contra su cuerpo lleno de excitación. 

Ángela sin dejar de besarlo le rodea con sus piernas sintiendo en su vientre el duro pene Zac. 

—Posee me, hazme tuya— le súplica Ángela —te necesito. 

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Migran secreto III

Mi pequeño paraíso

—Vamos amigo ya sabes a donde tienes que llevarme— le susurra palmeando le el cuello.

Zac iba rumbo al cuartel general en busca de Ángel cuando a lo lejos lo ve cabalgando en dirección al frondoso bosque. 

—Ángeeeeeeel— intentó gritar lo más fuerte que pudo —¡Maldita sea a dónde va!— gruñó.

Al ver que Ángel no lo oía, fue asta las caballerizas, busco al mozo y le pidió que ensillase su caballo lo más rápido que pudiese, no quería perder el rastro de Ángel.

—Capitán— prosiguió el muchacho —su caballo esta listo. 

—Tu rapidez será recompensada— le indicó al muchacho con una guiño.

Montó en su caballo Thor, salió al patio y cabalgo fugaz tras Ángel. Le siguió por el denso bosque sin que le viese durante unos veinte minutos, observo como desmontaba de su caballo y ataba las riendas a una rama, se quedo muy extrañado cuando lo vio entrar por una estrecha grieta en unas piedras. 

—¡Por san Ninian!— exclamó Zac —¿pero a dónde va este insensato?— refunfuñó. 

Con premura para no perderlo de vista se aproxima a donde Ángel dejó a su caballo, desmonta de Magnus y ata las riendas a unas ramas dejando a ambos potros uno al lado del otro. 

Se acerca hasta la grieta, con precaución se adentra, al principio hay bastante oscuridad pero una vez los ojos se acostumbran a la negrura puedes percibir lo que tienes a tu alrededor. Zac sigue caminando por un estrecho camino, poco a poco hay más claridad. Los ojos de Zac se agrandan por momentos al ver tal belleza, una preciosa cueva se abre ante sus ojos, un estanque de agua cristalina y una hermosa cascada que baja desde lo alto donde entra un halo de luz impresionante que  hace del sitio un bello paraíso. 

Busca a Ángel con la mirada y allí al fondo lo encuentra. Tiene la intención de acercarse pero se detiene en seco al ver como Ángel se deshacía de sus ropajes. Zac se queda sorprendido al ver como al sacarse la camisola lleva un vendaje en el torso. 

<< ¿Tan grave fue el golpe en el último entrenamiento?— se pregunta así mismo >>

Ángel se sienta en una de las piedras y empieza a desabrocharse las botas, primero una y luego otra dejándolas a un lado, desabrocha el cordón de cuero de su pantalón y lo baja despacio, una vez se hubo desecho de él lo deja con lo demás, quedándose con un fino calzón de lino que tapa parte de su cuerpo. Poco a poco se despoja del vendaje mientras lo vuelve a enrollar para volver a ponérselo más tarde y lo deja en el suelo al lado de la camisola. 

<< ¡Que alivio!— piensa Ángel al liberarse de los vendajes >>

Zac sin apartar los ojos ve como el joven que le da la espalda deja la venda en el suelo, al darse la vuelta se queda atónito al descubrir lo que escondía esa pequeña tela… ¡Unos preciosos senos redondeados!

<<Pero… ¿Cómo no me di cuenta?— Se pregunta —Estos sentimientos y pensamientos extraños ¡Ahora todo tiene sentido! >>

—¡Por todos los santos celtas!— exclamó en alto descubriendo se ante la joven.

—¡Capitán!— exclama asustada, tapando se los pechos con ambas manos —¿que… que hace aquí?— pregunta inquieta aún sin saber como la a encontrado. 

—Pero… ¿que?… ¿Cómo?… ¿Porqué?— balbuceaba sin saber exactamente que es lo que quería decirle —todo este tiempo engañándonos.

—Capitán… Amm…— su mirada era de súplica —yo… Es que… Es difícil de explicar… es una historia muy larga— baja la mirada y cogiendo la camisola se da la vuelta.

Zac no podía ni imaginar que debajo de aquellos ropajes que cada día usaba pudiese esconder un cuerpo tan delicioso y exquisito, tiene ante sí a una preciosa mujer de perfectos pechos y exuberantes curvas. Sin poder creer aún lo que sus ojos están viendo se acerca a ella y le acaricia el hombro para que de vuelva. Al sentir su mano tocando su piel una oleada de sentimientos la inundan, con la camisola tapándola se da la vuelta y agacha la mirada.

—Dime— le acaricia el mentón para que lo mire.—¿Como te llamas?

—Ángela McDoglas— sus miradas se encuentran y una pequeña llama les inunda.

—¿Porqué esconderte de esta manera?— aún estaba en estado de shock.

—Es una larga historia— declaró bajito, pero no lo suficiente para no ser oída —resumiendo…  Ser huérfana a temprana edad y mujer, era un sin vivir constante, decidí hacerme pasar por un muchacho, todo fue más fácil desde entonces – le confesó con lágrimas en los ojos— y por favor no me descubras ante los demás… Aún no —le suplicó.  

—Tranquila no te preocupes— le dijo acariciando le el mentón —tu secreto esta a buen recaudo, te lo prometo.

—Gracias Zac— susurro mirándole a los ojos —eres un gran hombre— sus mejillas se tornan sonrosadas.

<< ¡Qué preciosa es!— pensó el highlander con los ojos clavados en ella.

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Mi gran secreto II

Fiesta de San Andrés

Llega el tan esperado gran día del año por todos los highlanders la fiesta de San Andrés, hay un gran revuelo en el castillo de Stirling, todos lucen sus vestimentas tradicionales ataviados con el kilt, su chaqueta de tweed y el tartá.

Todos están muy ajetreados, todo tiene que ser perfecto y como manda la tradición, el día de San Andrés se debe celebrar con un gran baile, las doncellas decoran el gran salón y en las cocinas ya de buena mañana el fuego y los pucheros están preparando un gran menú festivo y tradicional en el que no falta el haggis que son unas ricas asaduras de oveja o cordero cocinadas con cebolla, hierbas y especias y con neeps and tatties que es un puré de colinabo y patatas ¡delicioso!, todo ello acompañado de la bebida más genuinamente escocesa, el whisky.

El salón poco a poco se llena, Zac que llegó de los primeros saluda y habla con los que van entrando al gran salón. Se extraña al no ver al joven Ángel, se acerca al grupo de guerreros con los que normalmente se encuentra.

—¿Como va la fiesta muchachos?— pregunta al pequeño grupo.

—Bien mi capitán— dice John el grandullón barbudo.

—Todo esquisto— suelta Fiodor con una sonrisa socarrona —y no lo digo solo por la comida— dice mirando a unas doncellas que pasaban por delante del grupo.

Todos se echan a reír al darse cuenta de lo que quería decir.

—Por cierto, ¿donde esta Ángel?— pregunta —no lo he visto aún— dice mirando a ambos lados del salón.

—Capitán a Ángel no le gustan mucho las fiestas— suelta John —siempre se mantiene al margen.

—Desde que lo conozco nunca lo he visto en ninguna fiesta— dice Neal rascando se la cabeza.

—Que paséis un buen día y os divirtáis— sonríe Zac y con un gesto de cabeza, se va.

—Gracias capitán— dicen al unísono. 

Zac se escabulle del gran salón cuando nadie le ve, va con paso firme por los pasillos cruzando se con doncellas, que a su paso murmuran y ríen, ya que es un hombre muy apuesto y varonil, alto y corpulento, de cabello negro como el azabache, unos bellos ojos almendrados y unos labios carnosos, el varón por el que todas las féminas suspiraban y deseaban tenerlo en su lecho cada noche.

En las caballerizas Ángel se prepara para salir, se acerca a Magnus y le coloca su montura, aprieta bien las correas de cuero, antes de subirse le da un azucarillo y lo acaricia, con el a corrido muchas alegrías aunque muchas más penas. Y justamente este día que para todos los highlanders era algo especial para él era todo lo contrario, año tras año se alejaba todo lo que podía del castillo, sumido en su tristeza. Se monta en Magnus y sale de las caballerizas con premura. sin encontrarse a nadie en el camino, ya que todos están en el gran salón, o eso es lo que cree…